El Nihilismo Ha Muerto
(Y los porteños lo mataron)

Se preguntaba Nietzsche “¿Que significa nihilismo? Y se respondía: “Que los valores supremos pierden validez”. Sostenía, hace ya 120 años, que la llegada de aquel, “el más inquietante de todos los huéspedes”, era inexorable. Su texto –insistía- contaba “la historia de los próximos dos siglos”. Y ésta describía la transmutación inminente de todos los valores como consecuencia lógica de esos valores, y a esa experiencia como único camino para comprender el verdadero valor de esos “valores”. Y concluye el párrafo diciendo: “…alguna vez necesitaremos nuevos valores”.

Pero, se lo interprete como se lo interprete, este texto esboza (o se inscribe en) una teoría de la cultura. “Valores”, pensados como quiere Nietzsche, solo pueden ser “valores culturales” ¿O acaso existen “valores” que no sean culturales?

Así, a 120 años de su enunciación, este proceso de transmutación (y su consecuente asesinato divino) ya debería estar plenamente vigente en nuestra cultura.

¿Pero lo esta?

¿Verdaderamente, “Dios ha muerto en el corazón de los hombres”? Esta fue nuestra pregunta de investigación. Quisimos saber si, al menos entre los porteños, la Fe en un Dios Único como Arkhé; como fundamento, estaba vigente o si se había cumplido la predicción Nietzscheana y los humanos porteños vagaban por la ciudad con el corazon vacio.

Así, con base en una muestra aleatoria de 1000 casos interrogamos a los porteños: “¿Ud. cree en un Dios Único? El 87% respondió afirmativamente. Luego a estos que habían declarado su fe en la existencia de Dios Único, les preguntamos si rezaban con alguna regularidad. El 71% dijo rezar al menos, una vez por semana y el resto, 16%, dijo hacerlo “de vez en cuando”. También, el 65% considero que hay otra vida después de esta y el 55% dijo creer que será juzgado y premiado o castigado según su conducta en esta vida. Por último, quisimos saber si consideraban que sus valores morales se fundaban en su Fe y el 73% admitió esta relación de fundamento.

Y no sólo los porteños se declaran categóricamente creyentes sino que se perciben colectivamente, es decir perciben al otro también como creyente. A la pregunta “¿Ud. diría que en general la gente cree en un Dios Único?”, el 71% respondió afirmativamente.

Entonces, cuando hablamos de Nihilismo, ¿de qué hablamos si este no se verifica en la cultura vigente? El problema es que las prácticas parecerían confirmarlo. En el mismo estudio indagamos por el grado de acuerdo con el aborto, prohibición clásica de toda confesión monoteísta. El 55% de los creyentes respondió afirmativamente; respecto del divorcio, ese porcentaje sube a 63% y respecto de la pena de muerte el 35% de los creyentes manifestó su conformidad.

¿Pero cómo es posible declararse creyente y, al mismo tiempo, acordar con el aborto cuando todas las instituciones religiosas lo condenan expresamente?

La respuesta quizás deba buscarse en una ruptura entre los valores y las prácticas con base en la imposibilidad contemporánea de vivir según las pautas del discurso normativo de las instituciones religiosas y no en una ausencia de valores ni en la muerte de Dios. Es verdad, que, como quiere Nietzsche, el modelo cristiano ha fracasado. ¿Pero exactamente que indica esto? Nietzsche realiza una operación ilegitima: constata el fracaso del modelo e infiere la muerte de su fundamento.

Pero hay una gran diferencia entre la experiencia personal de la fe y el cumplimiento del discurso normativo de las instituciones religiosas. Nietzsche solo puede verificar el cumplimiento, no la experiencia interior. Es indudable que en nuestra cultura, la noción de un Dios Único sigue vigente y rige mayoritariamente nuestras vidas. Se podría decir, como se ha dicho, que el fundamento de la Fe es el temor a la muerte, que no hay verdadera fe; solo temor, solo otro modo del velo apolíneo ante el horror de caos y el sinsentido. ¿Pero como se prueba esto? ¿Vamos a decir que, en Buenos Aires por ejemplo, casi dos millones de personas se auto engañan cuando rezan y que solo nosotros, desde las cumbres del pensamiento, comprendemos la condición humana y la ilegitimidad engañosa de la oración? ¿Y si no decimos esto, como sostener entonces la vigencia de un supuesto nihilismo?

Es el modelo normativo el que ha fracasado -y no la vigencia de su fundamento- porque no ha podido reformularse en términos de las condiciones de vida actual. ¿Cómo evitar el preservativo en la época de la pandemia del sida? ¿Cómo decirle a una madre soltera de bajos recursos, que ya tiene varios hijos, que no debe abortar; como lograr su alineamiento con esta norma?

La verdadera pregunta no es acerca de cómo salimos del nihilismo, pregunta estrella del debate académico actual, simplemente porque no hay tal nihilismo; sino por la ruptura entre los valores y las practicas como fundamento de la crisis de sentido actual.

Dios no ha muerto en el corazón de los hombres, aún habita allí y da sentido a sus vidas; y ellos lo reconocen, lo verificamos. Pero sus vidas requieren un Dios que las comprenda, que legisle desde sus urgencias cotidianas, o sea, con la comprensión del amor, sin la ceguera del dogma.



1 * Muestra Aleatoria simple; sobre total población porteña mayores de 18 años, ambos sexos. Ponderada por cuotas de Genero, NSE y Rango de edad. Margen de error muestral +/- 3,2% para P = 0.50; intervalo de confianza de 95,5%. Instrumento de recolección: cuestionario cerrado / abierto.

 

Mag. Raúl Aragón
Director del Programa de Estudios de Opinión Pública.
Universidad Abierta Interamericana.
raularagon@raularagon.com.ar

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Fecha de publicación: 12/05/2007
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